hacia el azul

A Pedro

 

Arriba, arriba, sol,

despiértate, caracol.

 

Tus rodillas se estiran hacia el cielo

para tocar el agua de las nubes;

tu espalda perpendicular al sueño,

tu equilibrio radiante, valiente.

 

Dame la mano, amor,

ven, toca mi corazón.

 

Tu pie se convierte en luna azul,

da un paso hacia el poema, te elevas;

las hormigas aplauden otro paso,

tus brazos hacia el abrazo, ¡mamá!

 

Tus pasos felices, sol,

lluvia de luna, amor.

 

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las madres

Mirada en el horizonte la esquina

se cruza para no ver jamás la cara de la violencia.

Detrás del olivo hay una mujer

que tiene la cara de la muerte

y quiere arrancarme a mi bebé de las entrañas.

En la oscuridad viven los hombres que no saben amar.

Existe la guerra, el hambre, y existen

cuerpos sin arterias que roban hijos a las madres.

Letargan debajo de las raíces de la tierra,

por el día hablan y parecen tener pulmones.

Los trenes se inventaron para dar refugio a madres e hijos

que huyen de la crueldad.

Cómo duele la calle a las madres.

Cómo duele el camino a la panadería.

Cómo grita la carne morada.

Del miedo, la angustia, la congoja saben las madres

a quienes intentaron robarle a sus hijos.

De la fuerza, la valentía, la integridad saben las madres

a quienes intentaron robarle a sus hijos.

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No hubo despedida;

de todos modos

no se hubiera parecido a tu nombre.

El mar de los fracasos se abrió

tan grande como la vida; la vida

entera duerme en mis brazos en un tren.

Te prometo que no he llorado hasta

que se ha dormido. En mi pecho viven

mariposas de color azul sueño

y un verso blanco muriendo en tu nombre.

Se oyen gritos de dolor en las flores

rojas (del) entierro de nuestra familia.

Mi rostro roto en un espejo roto;

el verano arduo en la enfermedad.

Hay un beso en tu nombre que ya no existe.

Bésame, que es la muerte del amor.

 

 

 

 

 

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αἰσθητική

Me dijeron que

las Moiras te ardieron los ojos

y te fuiste con ellas

a pactar tu peregrinación a los infiernos.

Mientras yo, amamantando tu regreso

                                                                        [a Ítaca]

en la habitación dormida, en la nana ciega del futuro.

Me dijeron que

te vendieron el camino más largo.

Estabas tú, tus ojos de cristales y tu andar violento.

Hace tanto que dejaste de amar

que ya no recuerdo si alguna vez bailamos juntos.

Como lo haces con la mentira de cuatro cigarros.

Vivir en los lunares no debe ser fácil.

Me dijeron que

soy mi pena por amar.

Mientras el tiempo te maltrata en los lavabos.

Me dijeron que

soy los pies descalzos en el desayuno que una vez amaste,

la madre de nuestro hijo,

y la única mujer a la que das silencio.

Me dijeron que

tu castigo a mi maternidad es la crueldad.

Me dijeron que

el amor era inevitable entre nosotros.

Me dijeron que

Me dijeron que

 

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quejío

«Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero».
Lorca

 

 

Entrañas de la noche, quejío de tu ausencia.

 

Tiemblo mi sangre urdiendo tu boca en mi esqueleto,

mi espalda se retuerce pendiente de la muerte.

Solo cuando yo muera, tú besarás a todos.

Cuando muera, te colmarán las manos

mis regalos, los incendios que bailamos ciegos.

Ya no habrá agua en casa, solo carne podrida

en los escaparates. Belleza y Verdad.

Lluvia de insectos sobre la escarcha que es el amor

marchitado por pisoteado –instalaciones

(modernas) deconstruidas en la sala de estar–,

ultrajado por la violencia de tus espasmos.

Se acabará el carrusel de tu rostro, manos,

amor, tu rostro, la boca, la ciudad, la herida.

Cuando muera, tú tampoco sabrás el Amor.

 

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aljibe

He tenido tiempo para olvidar.

He tenido tiempo entre las zarzas.

He tocado tu boca en el aljibe

con mis dedos en mi boca de arena.

 

He tenido tiempo para que crezca mi pelo,

tiempo para adelgazar la piel en el dolor,

tiempo para saltar en la tristeza del mar

y conocer el miedo en las ramas de tus brazos.

 

Me he desnudado frente a ti sin (mi) vestido verde

para morir de frío en la espuma de tus versos.

Atocha cercanías a las seis de la tarde

es la mañana azul, tu sexo y mi fracaso.

 

He tenido tiempo para olvidar

y no te he olvidado ni el amor ni el tiempo.

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mar en tu piel de mar

Mar en tu piel de mar.
Caballito de mar,
mariposita blanca,
cascabeles de arena;
profundidad tu luz,
brisa de tus pestañas.
Mar, tus ojos de mar.

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aMAMAnta

A Pedro

 

Amamanto el enredo de tus manos

en la siesta de mi pelo en tus dedos.

Parece que siempre hemos estado aquí.

En tu boca en mi pecho, el sueño

del murmullo de tu garganta, batalla

de tus ojos. El tirón de camiseta.

Lo que queda detrás de las ventanas.

Parece que siempre vamos a estar aquí.

Arena sobre el colchón, la ciudad dormida

respira el ruido de mariposas en tu pelo.

Tu nasal bilabial en mis entrañas.

Duermes, y el mundo se para en mi pecho,

y la sangre golpea todo mi cuerpo,

de fondo, jazz, amor, maternidad y tierra;

el silencio te espera para verte bailar.

 

 

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vals de la marea

A Pedro, durmiéndose

 

Si me agarro a la marea de tu mano

y solo entonces se cae la luna,

si duermes el movimiento en mi pecho

para bailar un vals descalzos sobre

la vida, tuya, lluvia en primavera,

si eres tiovivo de feria en invierno,

colores de ciudad contaminada,

la hierba en el suelo de la madrugá;

si me agarro a la marea de tu mano

y nos acompasamos, al danzar,

                                                             el amor.

 

 

 

 

 

 

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nana desordenada de trompeta

y detrás del quicio de tu garganta

las sombras intermitentes de tus despertares

reloj arrojando las horas que ya no existen

el café hirviendo otra vez otra en los violines

tantas toallas empapadas de incertidumbre

todos estos miedos desordenando la casa

trompetas mi nueva forma de amor que eres tú

abrazarte tu respiración veintitrés horas

tus versos bailando en mis dedos tu nana nana

las estrellas que te maúllan versos tu nombre

el viento de la tuba que te mece las nubes

amamantar tu llanto y vivir en ti y

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